Ni libres, ni esclavos

El mundo de las ideas: la literatura, la ciencia, el estudio del mundo y del ser; La cultura: los hábitos, las tradiciones, las costumbres; La evolución en si misma: las tecnologías que han revolucionado la vida del hombre y han trastocado los límites territoriales generando un enriquecedor (y al mismo tiempo, devastador) proceso de sincretización cultural, son un producto directo del capitalismo y su característica necesidad por masificarlo todo, al punto de que no sabemos en qué lugar comienzan o en qué lugar terminan los aportes culturales de cada parte.

Aún así, es preciso reconocer las bondades del sistema: la posibilidad de tener acceso a las ideas de cualquier persona alrededor del mundo; la oportunidad de elegir entre credos sin tener que ajustarse a los preceptos ideológicos ajenos sin poder cuestionarlos o rechazarlos por completo, la libertad sexual, el trato justo.

… La libertad de las ideas y del comportamiento siempre estarán contrastadas con la opresión que genera el mismo sistema acerca de dicha libertad.

Es muy complejo determinar si somos libres o esclavos, yo prefiero pensar que somos los dos por igual, libres de algunas cosas y esclavos de otras, tal como sucede con el prisma: lo que ves depende desde dónde le mires.

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