Cuestión de energía

Alguna vez te has preguntado ¿por qué te resulta tan agradable una persona, un aroma, un lugar?

Pocas veces lo hacemos (pocas veces lo hago) pero resulta increíble cuando te lo preguntas hasta respondertelo a ti mismo.

Para mi, el paraíso es algo así como un ambiente tranquilo, en el que la luz incandescente que irradian las velas me cuenta una historia en medio del silencio implícito en la oscuridad.

Supongo que me pierdo en la intensidad que aquella pequeña flama que brilla; es fuerte, es pequeña pero es muy claro que te puede quemar.

Lo mismo ocurre cuando a oscuras en mi habitación abro las cortinas y dejo que la luz de la luna entre a través de mi ventana; en realidad, considero que el mejor regalo que puedes darte a ti mismo es un poco de silencio.
Porque estas dejando que el universo te hable, estas escuchado a la naturaleza cuando la lluvia obliga a las personas a refugiarse para que dejen de hacer ruido afuera.
Y adentro, estas tú, a solas, escuchando ese extraño sonido que genera la lluvia cuando cae; es la multiplicación de ese pequeño sonido por miles que colisionan en el asfalto o tal vez en tu ventana uno de los milagros más extraordinarios y fascinantes que un ser vivo puede experimentar.

El choque de aquellas moléculas de hidrógeno y oxigeno en su forma líquida es, muy probablemente, el único ruido que puede generarme placer.

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