¿Confías más en la gente bonita?

Con el paso del tiempo, se ha consolidado uno de tantos estereotipos enmarcados en el aspecto físico que en pocas palabras dice: “Si es bonito, es bueno y si es feo, es malo”.

Ladrón más sexy y la mujer más fea del mundo

Jeremy Meeks y Lizzie Velásquez. Estos personajes son el mejor ejemplo de que no siempre quién es “lindo” es bueno, ni quién es “feo” es malo.

¿De dónde proviene el hábito de atribuir cualidades a las personas atractivas y descalificar a las personas que no lo son?

Bien, todo responde a la forma en la que organizamos la información; el cerebro funciona clasificando información categóricamente. De acuerdo con las bases que formaron la sociedad moderna, el ser humano ha explicado su realidad a través de numerosos dualismos, tales como, el bien y el mal, el yin y el yang, lo correcto y lo incorrecto, la vida y la muerte, entre otros.

La compleja estructura mental que ha desarrollado el ser humano para desenvolverse como ser social, lo ha llevado a realizar procesos de asociación que le permiten sobrevivir con mayor facilidad dentro de su entorno.

Gracias a sus asociaciones, el ser humano primitivo fue capaz de identificar con facilidad cuándo se encontraba en situaciones de peligro. Un factor fundamental para su supervivencia.

Gracias a sus asociaciones, el ser humano primitivo fue capaz de identificar con facilidad cuándo se encontraba en situaciones de peligro. Un factor fundamental para su supervivencia.

Desde el origen de la humanidad se ha visto la influencia de diversas situaciones que le dan mayor validez a esa “estrategia de supervivencia” desarrollada en la prehistoria; la elección de los frutos a consumir estaba determinada por la confiabilidad de su aspecto. (y es que, ¿Quién en la actualidad no elige la manzana más roja?)

Más adelante, en las bases de la civilización nos encontramos con representaciones de la mitología griega que empezaron a acentuar los conceptos de divinidad enmarcados en la belleza y el concepto de maldad enmarcado en la fealdad y la monstruosidad.

Breve análisis de la representación de Hades y Afrodita; dos dioses de la mitología griega.

Breve análisis de la representación de Hades y Afrodita; dos dioses de la mitología griega. (Click en la imagen para detallar la información)

Con el paso del tiempo, estas representaciones fueron modificándose y adoptaron nombres distintos dentro de nuevas corrientes ideológicas que empezaron a desarrollarse (ejemplo: el cristianismo), propagándose por Europa y por el resto del mundo gracias al proceso de colonización.

Culturalmente hablando, el aspecto juega un papel fundamental en el desarrollo de nuestras actividades cotidianas; todo lo que hacemos está profundamente ligado al significado implícito en su apariencia, con una variable fundamental, en la actualidad dichos patrones están establecidos por las dinámicas del mercado.

Es un hecho que nos dejamos llevar por las apariencias y su explicación está en la familiaridad y la confianza que nos genera visualmente una persona para decidir si podemos fiarnos o no de ella; en un ejemplo simple:
Cuando conocemos a una persona que cuida bastante de su presentación personal y conocemos a otra persona que no cuida para nada su aspecto recibimos señales visuales de su personalidad (no siempre acertadas pero bastante significativas).
Una persona que tiene especial cuidado con su aspecto inicialmente puede relacionarse con una persona equilibrada, organizada y llamativa que sería muy agradable tener cerca debido a la sensación que nos genera ver su rostro perfecto sumado a que siempre huele bien.

Por otro lado, cuando vemos a una persona desaliñada, nuestro subconsciente nos bombardea con señales de alerta para tener especial cuidado; debido a que asociamos su “desorden exterior” con un posible “desorden interior”, entonces, en instinto de supervivencia en forma de ego hace su intervención: “Si una persona se quiere tan poco a si misma, ¿cómo puede ayudarme a ser mejor?
Nuestro mecanismo de defensa actúa y responde la incógnita de manera casi automática: “No puede ayudarme a ser mejor”. y así de rápido lo descarta de su preferencia social.

Ser “atractivos” no es sólo cuestión de genética, es una elección que tomamos todos los días. ¡Aprovéchala!


Imágenes tomada de google.

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