Un arco-iris con delirios de sol.

Paradógicamente un día, despierto sola, sin tener nada que hacer y permanezco en la cama contemplando el techo blanco de mi habitación…
-Entonces- tal y como en aquella oportunidad que le regalé todos mis colores a una niña porque creía que con mis esferos tenía suficiente, me dí cuenta de que regalé los colores de mi corazón a los demás, di tanto que terminé por quedarme vacía.

Me siento gris…

A lo largo del día me siento infinitamente atraída por la intensidad de los colores; verlos, palparlos, sentirlos, tocarlos. Tomaría mis pinceles y dibujaría un paisaje sobre mi cuerpo, si al atravesar mi piel ésta permitiera que llegaran a mi corazón, a mi alma y la volvieran a llenar hasta saciarse por completo de nuevos colores.
Y entonces volvería a irradiarlos sobre los demás como siempre, como un arco-iris con delirios de sol, que no se limita a entintar con siete colores el cielo sino que los irradia hacia toda creación.

Por:
Nathalie Rodríguez (pseudónimo)

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