Tarde.

6:27 pm salgo de casa con mil cosas en mis manos y mi cabello a semi-recoger, me esperan a las 6:30 para el inicio de clase; estando apróximadamente a 30 minutos de mi destino y entre miles de pensamientos que llegan a mi mente desesperándome cada minuto de aquellos 3 restantes para la hora fijada, empiezo a correr, el transporte público no es una alternativa ¡No para esta situación! Me pongo los auriculares y reproduzco una de los playlist que uso cuando necesito trotar en el gimnasio, necesito música rápida; mientras tanto recojo mi cabello y me pongo mi sweater azul para protegerme del frío, la carrera comienza, atravieso calles, personas, cada vez puedo controlar menos mi respiración, me detengo a medio camino, es una autopista, si no eres lo sificientemente ágil para notar que tienes la oportunidad de pasar tienes dos opciones: Te atropeyan o te quedas dos horas esperando a que puedas cruzar.
Un minuto después estoy del otro lado de la autopista, necesito respirar, saco mi celular y compruebo la hora: 6:43 pm… No me interesa, sólo camino mientras me recompongo. Respiro profundo y guardo mi celular, levanto la mirada y me deleito con la vista, el cielo esta profundamente azul, la calle luce relativamente solitaria y tranquila, la sombra de los árboles juega con la luz nocturna y los colores de la luz artificial, suelto mi cabello y sonrío, no voy a correr más, quiero disfrutar esto. Pasan dos canciones más y he llegado a mi destino, subo las escaleras con toda la motivación y entrego mi carnét, me dicen que la clase acaba de iniciar y me han estado esperando, aquella esperanza me hace sonreír, recibo la llave de mi locker y en medio de mi emoción corro hacia el tercer piso, pero algo ocurre: entre aquellos 15 pasos entre la recepción y la escalera, no me importaba que tan despeinada lucía después de mi mini maratón hasta que lo vi a él. Sentado cerca de la puerta de acceso al tercer piso del edificio dejó de lado lo que estaba haciendo para mirarme, como si hubiera visto a alguien a quién hace mucho había deseado ver. Entonces todo se detuvo, en un instante su mirada me dijo más de lo que alguien en mucho tiempo te puede decir. Caminé y traté de evadir su mirada, no quería ser tan obvia, pero me habia descrestado, sus ojos eran un hermoso color miel, labios rojos, cabello negro, la piel trigueña mas preciosa que te puedas imaginar, tenía el rostro de un angel pero su mirada expresaba una especie de maldad misteriosa, un enigma que le daba una particular cualidad de sensual.

Era poesía. ¡Me encantaba!

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